Disfrutá más de tu vida invirtiendo en vos mismo, y todo a tu alrededor estará mejor

El trabajo, en sus más diversas modalidades, es una necesidad del ser humano, como el comer, el dormir, el divertirse, así como muchas otras actividades.

En general para la mayoría de las personas, los días se dividen en tres tercios: dormir – trabajar y/o estudiar – y las otras actividades que completan el día. Esto es así en teoría, pero en la práctica, para la mayoría de la gente los tiempos que componen los tres tercios se desequilibran. Ya sea el trabajo, el estudio, o ambos a la vez, van absorbiendo gran parte del tiempo de los otros dos tercios.

Este desequilibrio entre el tiempo empleado para el trabajo y/o el estudio, las obligaciones y el tiempo para el ocio y descanso, produce un gradual deterioro sobre la salud.

Los efectos de esta distorsión no siempre se perciben en su verdadera dimensión, y se pueden resumir en dos factores importantes:

a) El estrés, cuyo aumento en intensidad y duración tiene un efecto acumulativo tanto sobre la parte física como sobre la parte psíquica. Las causas son múltiples pero son las condiciones de la vida actual, las que más influyen en su desarrollo.
b) La disminución de la actividad física en la vida diaria; la comodidad y el confort son enemigos de la actividad corporal. La mayoría de las personas pasan el día sentadas frente a la computadora, la televisión, etc.

Podemos afirmar que casi en forma imperceptible, estos factores influyen uno sobre el otro. En otras épocas la vida era más simple, menos acelerada, y el cuerpo se utilizaba con más vigor en todas las actividades.

¿Qué hacer? El antídoto más simple, efectivo y natural contra ambos, es comenzar a dedicar más tiempo y recursos a devolver al organismo todo lo que está perdiendo:
Aconsejamos la actividad física metódica y continua, la relajación, así como todas las actividades físicas y mentales que se relacionen con un bienestar que recupere la salud en forma natural. Se comienza a vivir así algo que la mayoría ha perdido: VIVIR EN ARMONÍA.

Se han difundido creencias erróneas, que desvalorizan el aspecto físico, haciendo creer que los valores sólo están en lo intelectual o lo espiritual.

Cuán lejos están estas creencias del sabio pensamiento de los filósofos griegos: “MENS SANA IN CORPORE SANO” (cuerpo sano en mente sana).

Todo aquello que mejore el aspecto físico, en forma natural y equilibrada, es necesario y muy valioso, porque no sólo mejora la salud, sino que al sentirse el individuo mejor, más pleno y vigoroso, su estado anímico se vuelve más positivo, permitiendo enfrentar con mejores armas los avatares que inevitablemente la vida en ciertos momentos nos depara.

El deterioro físico prematuro, es el responsable que impide disfrutar con plenitud de los logros que se han alcanzado en la vida, en muchos casos con enormes esfuerzos y sacrificios.

Por ello, al comenzar a invertir más tiempo y recursos en una vida más saludable y en armonía, logramos la mejor inversión para nuestra vida.

Los efectos de esta decisión trascendental son acumulativos y a medida que el tiempo va pasando sus beneficios son más visibles y valiosos.

¡Todos envejecemos! Es inevitable. ¿Pero cómo frenar los efectos?

Si bien la vida actual nos quita demasiado, por otra parte nos da nuevas posibilidades que debemos aprovechar al máximo.

EL VERSE MEJOR ES SENTIRSE MEJOR.

Es entonces cuando comenzamos a disfrutar con mayor alegría de todo aquello que nos da la vida.

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